Dos años después de que las llamas devastaran parte del monte Ezkaba, Pamplona empieza a ver verde de nuevo. El Ayuntamiento ha concluido los trabajos de reforestación de 18,45 hectáreas afectadas por el incendio de septiembre de 2022, uno de los más graves que ha sufrido la ciudad en las últimas décadas, dentro de un proyecto más amplio que ha intervenido en casi 43 hectáreas del monte.
En total se han plantado 4.154 ejemplares de distintas especies autóctonas, desde pino carrasco hasta encina carrasca, pasando por roble, arce y espino. También se han incorporado cien unidades de olmo resistente a la grafiosis, donados por el propio Ministerio de Transición Energética. Una apuesta por la biodiversidad que contrasta con el pinar monoespecífico —principalmente Pinus nigra— que cubría buena parte de la zona antes del siniestro.
El nuevo bosque no es solo un gesto simbólico. Según los cálculos del proyecto, elaborado por la consultora Bioma Forestal, la masa arbórea absorberá unas 22 toneladas de carbono al año, lo que permitirá registrarla como sumidero oficial ante el Ministerio de Transición Ecológica. La empresa EULEN ha ejecutado los trabajos por un importe de casi 142.000 euros.
Más allá de la reforestación, la intervención ha incluido el acondicionamiento de un área recreativa con mesas de picnic, así como la mejora de las pistas forestales del monte, cuyas deficiencias dificultaban tanto el acceso de vehículos de mantenimiento como la gestión de las aguas de lluvia.
El proyecto contempla además trabajos de refuerzo de la plantación durante los próximos cinco años, conscientes de que una reforestación no termina el día en que se clava el último árbol en la tierra.
El monte Ezkaba suma así un nuevo capítulo a la apuesta del Ayuntamiento por los bosques de absorción urbanos, que ya cuenta con iniciativas similares en los polígonos de Agustinos, Mendebaldea o en el límite entre Mendillorri y el Valle de Aranguren.




