Pamplona Actual

Iñaki Arbilla y Eduardo Laporte presentan "Pamplona, dos orillas", un libro sobre una generación separada por el Arga

Dos pamploneses de la Rochapea y el Ensanche reconstruyen a cuatro manos la ciudad de los 80 y 90 en un libro

Portada del libro

Un libro, dos barrios, dos memorias y una misma ciudad. Iñaki Arbilla, criado en la Rochapea, y Eduardo Laporte, crecido en el Ensanche, presentan este miércoles 6 de mayo en la librería Katakrak —a las 19:00 horas— Pamplona, dos orillas, un proyecto literario escrito a cuatro manos que recorre la infancia y la juventud pamplonesa de los años 80 y 90 desde dos orillas del río Arga.

El libro, editado por Ediciones Eunate, reúne 22 textos organizados en once temas comunes: las Navidades, los Sanfermines, la educación, la noche, la violencia, los veranos, las familias... Escenas, sonidos y lugares que componen, según sus autores, "el mapa sentimental de toda una generación". Les acompañará en la presentación su editora, María Oset.

Dos kilómetros y un río de distancia

Arbilla nació en 1976 en la antigua maternidad del Hospital de Navarra y no ha abandonado la Rochapea desde entonces. Licenciado en Comunicación Audiovisual, ha transitado por la publicidad, la televisión y la administración foral, y acumula una obra literaria que abarca poesía, diarios, novela y relatos. En 2022 dirigió el documental SANdEDRO, sobre setenta años de historia de las casas de San Pedro donde vivieron sus abuelos.

Laporte nació en 1979 en la desaparecida Clínica San Francisco Javier y pasó un cuarto de siglo en el paseo Sarasate antes de instalarse en Madrid. También licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra, ha cultivado desde sus inicios la literatura del yo y la observación de lo cotidiano, con títulos como Luz de noviembre, por la tarde o el reciente Navarra-Madrid, columnas periodísticas con vocación literaria en las que los "hiperlocalismos" pamploneses son protagonistas.

Un diálogo entre dos memorias

El resultado es un libro que sus autores describen como "un diálogo entre dos memorias que avanzan en paralelo", donde la Pamplona de aquellos años se convierte a la vez en escenario y en puente. Una evocación, dicen, "para que el tiempo no arrastre —como el Arga— ese sol de la infancia y el tesoro irrepetible de la juventud".

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