Croquetas, salchichas, trozos de embutido con objetos punzantes en su interior. Los llamados cebos envenenados —o, en este caso, trampeados— siguen apareciendo en zonas de uso público. En una localidad de la Comarca de Pamplona, cuatro piezas de chorizo con elementos punzantes fueron distribuidas en una zona verde arbolada. Una perra los encontró antes que nadie.
Cuatro cebos, cuatro clavos, una operación de urgencia
Los hechos se remontan al pasado mes de marzo, cuando el Centro de Mando y Coordinación (CMC) de Policía Foral recibió un aviso alertando de la presencia de objetos peligrosos para animales en la vía pública. Los agentes desplazados al lugar hallaron un primer cebo de chorizo con elementos punzantes y, tras peinar la zona verde cercana, localizaron otros tres de idénticas características.
Sin embargo, uno de ellos ya había sido ingerido por una perra. Trasladada a un centro veterinario, las radiografías confirmaron la presencia de cuatro clavos en su tracto digestivo. El animal fue sometido a una intervención quirúrgica de urgencia y se encuentra actualmente en recuperación.
La investigación lleva a un joven de 23 años
Agentes del Grupo de Investigación Medioambiental (GRIM) de Policía Foral asumieron la investigación. El rastreo de la procedencia de los cebos, junto con la colaboración ciudadana, permitió establecer la trazabilidad hasta el presunto responsable: un varón de 23 años, vecino de la zona, frente al que se han abierto diligencias penales por un delito contra los animales.
Las actuaciones han sido remitidas al Juzgado de Guardia de Pamplona y a la Fiscalía de Medio Ambiente de Navarra. El Código Penal prevé para este tipo de delitos penas de entre 3 y 18 meses de prisión o multa, además de inhabilitación de hasta tres años para el ejercicio de cualquier actividad o profesión relacionada con animales, así como para su tenencia. El uso de instrumentos que pongan en riesgo la vida del animal se considera agravante.







