El arranque de Osasuna fue dulce, casi perfecto. Budimir puso el 0-2 y el equipo navarro parecía camino de un partido soñado en el Ciutat de València. Sin embargo, la jornada se torció con dos hechos clave: el despertar local y la expulsión de Sergio Herrera, que dejaron a los rojillos con diez y sin premio pese a tener a tiro llevarse al menos un punto (que hubiera sido inmerecido visto el juego del rival).
Los primeros minutos reflejaban el plan de Alessio Lisci. Osasuna salió ordenado, con líneas unidas y paciencia para manejar el balón. El 0-1 llegó por un autogol de Toljan, tras un saque de esquina que el lateral desvió a la red propia, y solo ocho minutos después apareció Budimir para rematar el 0-2: perfecta asociación por la banda, centro raso y el croata, muy atento, empujó el esférico al fondo de la red. Todo apuntaba a un partido de control navarro.
Pero el Levante reaccionó antes de que Osasuna pudiera anclar su ventaja. Entre el minuto 19 y el 42, Víctor García se estrenó con dos goles: primero con un disparo potente desde fuera del área y luego con un remate de cabeza al segundo palo, tras un centro desde el flanco. El 2-2, en menos de veinte minutos, dejó al partido en un equilibrio que se rompió con una acción polémica.
Justo antes del descanso, Sergio Herrera salió precipitado, resbaló e intentó despejar el balón con la mano fuera del área y el árbitro lo mandó a la ducha con roja directa. Esa expulsión dejó a Osasuna con diez y obligó a un cambio inmediato: entró el portero suplente Aitor Fernández (sustituyendo a Aimar).
Con un hombre menos, los rojillos perdieron capacidad para manejar el ritmo. El Levante dominó más y Osasuna se limitó a defender una marea levantina con hasta más de 50 remates en contra, y con una gran labor del cancerbero Aitor Fernández, que paró muchos tiros que iban con auténtico veneno.
Casí al final del partido, en el tramo decisivo, Etta Eyong elevó el marcador al 3-2 con un gol de cabeza, tras un centro desde el costado que el defensa aprovechó sin oposición. El 3-2 definitivo castigó al equipo navarro, que no logró sostener su gran inicio y se marchó con un tropiezo que duele por la manera en que se produjo.




