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La Korrika despierta Berriozar al amanecer con emoción por el euskera

La carrera entró con unos diez minutos de retraso por el polígono Agustinos y recorrió el municipio arropada por decenas de colectivos

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En primer plano, el alcalde Iker Mariezkurrena, con el lekuko

El zampanzar txiki, con el testigo

La madrugada de este domingo dejó en Berriozar una de esas estampas que se convierten en símbolo colectivo. La Korrika llegó pasadas las seis de la mañana, con unos diez minutos de retraso sobre el horario previsto, pero con intacta la energía que la convierte, edición tras edición, en un canto popular a favor del euskera.

La entrada al municipio se produjo por el polígono Agustinos, donde ya aguardaban decenas de vecinos y vecinas pese a lo intempestivo de la hora. El relevo del ‘lekuko’ fue avanzando entre aplausos, luces y ánimos, en un ambiente que mezclaba emoción, reivindicación y comunidad.

El tramo central por las calles de la localidad estuvo protagonizado por una amplia representación del tejido social berriozartarra. Colectivos como el barnetegi Ibiktaria, el Berriozarko Korrika Batzordea, Gazte Txe, las peñas Zulo Alai y La Barga, BKT o el propio Ayuntamiento tomaron el testigo en un recorrido marcado por la implicación vecinal.

A la altura del gaztetxe que iluminó la noche con bengalas y una batería de petardos, el relevo pasó a manos de otros grupos vinculados a la promoción del euskera y la cultura local.

Ernai, Ficbe, el euskaltegi, así como los grupos de danzas Txori Zuri y Hulargi o la asociación Hazitxo, mantuvieron vivo el pulso de la carrera en los puntos más simbólicos del trayecto.

El último tramo en Berriozar tuvo un carácter especialmente familiar y popular. Padres y madres del colegio Mendialdea, los Zampanzares, BKE y colectivos deportivos como los ciclistas de BTT acompañaron el avance de la Korrika, que cerró su paso por la localidad de la mano de la asociación de comerciantes.

Poco después de las seis y media de la mañana, la carrera abandonaba el municipio tras un breve paso por el barrio pamplonés de Buztintxuri, en dirección a Aizoáin. No faltaron las habituales ikurriñas, así como banderas y símbolos en favor de los presos, presentes en distintos puntos del recorrido.

Atrás quedaba una hora intensa que volvió a demostrar que, incluso de madrugada, el euskera se vive en la calle y en comunidad.

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